Un aporte CIC

Un aporte CIC
Arte y Cultura

Junto a Neruda con Rimbaud

“A la aurora, armados de una ardiente paciencia,
entraremos a las espléndidas ciudades”.

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miércoles 28 de octubre de 2009

Juan Polizzi - Concepción

ELEGÍA

a Domingo Gómez Rojas
poeta anarquista,
muerto en la tortura el año 1920




Aquí vamos los viajeros incansables
en brazos de la perpetua sonrisa
tenemos jardines lejanos
y tesoros enterrados en otras islas
vamos siempre tras el mismo norte
desde el primer zarpe, hace tanto tiempo
buscando el mejor lugar para nuestra siembra
encontrando puertos abandonados
donde hombres y mujeres muertos
pasean descalzos por la calle fría
y tañen campanas de duelo en cada esquina
somos nosotros; los malditos
llevamos banderas bordadas en la piel
y la voz gastada de tanto cantar
inmóviles se diluyen los sueños
hay un viento gris que todo lo arrasa
buscamos amor y chocamos con piedras
hay una cárcel en cada alma viajera
que imprime a la vez alegría y tristeza
con tanto viajar almacenando recuerdos
se nos fue la vida sin construir los sueños
y al irnos nosotros no cambiará nada
partirán de otros puertos
los nuevos viajeros a buscar esperanzas
y encontrarán hombres y mujeres muertos
paseando descalzos por la fría calle


Casi un Hombre

Bajo el manto triste de la lluvia
Pasa un hombre casi un hombre
Prolonga sus raices en el cemento
El agua invade su pelo, su barba, sus orejas
Lleva en la suma de sus heridas
El dolor del nido de la calle
Las alas de la noche en el alma y
El vino que pudre sus entrañas
La lengua feroz de un perro azul
Lava las huelas de los tiempos
Quien podria decir quien es culpable
De la tormenta eterna en su destino
Al valle silencioso del otoño
Arrastra sus pasos ya cansados
Las golondrinas en la primavera
No serian las mismas que lo vieron
Los dioses se ocultan en el bosque
Llevan en sus manos los designios
Los aromos se esparcen como trigo
Manteniendo el ritmo de las aves
No habra ni una cruz de madera
En la tumba que culmine su camino
No habran campanas de difunto
Ni flores, ni carro, ni palabras
Nadie sabra al otro dia
Que un hombre casi hombre paso por la vida

Antonio Andalué - Lota

RECUERDOS

He de confesar que me gusta deambular por las calles de mi ciudad, salirme de ellas y encontrar un tesoro escondido en alguna casa olvidada por el tiempo. Recorrer sus habitaciones entre telarañas y retratos desteñidos de miradas adustas y sombrías. Sentarme en un destartalado sillón frente a una chimenea en donde chillan presurosas ratas. Sacar mi libro de versos preferido de entre mis ropas y soñar y soñar.

¡Ah, soñar que encanto! Libre por siempre y lejos de todo. Libre como el humo que se va elevando suavemente cada vez más para escabullirse por entre el techo roto hacia la inmensidad.

Cómo me encanta pasear por las avenidas, sentir sus palpitaciones, distinguir sus aromas, apreciar sus líneas, jardines y balcones floridos. Y entre fragancias de rosas y claveles ver el rostro hermoso de una madre que atareada en la artesa me arroja la más linfa flor para mi solapa.

Llegar a la estación ferroviaria y sentirme nuevamente útil, ayudar a las señoras con sus pesados canastos, bultos y maletas. Sentir el bullicio, la alegría de los viajeros, el dolor de una despedida y el chirrido inconfundible de la locomotora, y luego, el humo a la distancia.

Llegar al puerto con la algarabía de gaviotas revoloteando entre las embarcaciones, el inconfundible olor a mar por todas partes, las redes remendadas al sol junto a la ilusión de la próxima incursión. Transitar por entre los botes arrojados en la playa y deleitarme leyendo sus nombres. Algunos me sugieren secretas historias de amor: “Delfina I”, “Angélica Hermosa”. Sentarme en una proa y hacerme a la mar, surcando raudo las olas y traer un pez dorado para cada uno de nosotros.

Me gusta mirar a los pescadores, hombres fornidos, de piel rugosa e historias sin tiempo. El mar se les ha impregnado en los ojos, la roca en sus manos, el horizonte en sus dientes y una tempestad en los cabellos.

Pasar a la escuela donde un universo de conocimientos encerrados se abrió a mentes ansiosas y fructíferas; compartiendo el pan y la lección del profesor que brota de las páginas impresas.

Llegar al parque somnoliento de árboles caprichosos y aves sinfónicas, en donde pincel Maestro pintaron los más bellos colores.

Y después la plaza, siempre con estudiantes revoloteando, el viejo fotógrafo, los multicolores globos, los helados y las golosinas.

Todo es maravilloso cada día. Andar y andar, soñar y soñar. Regresar al asilo radiante y todos podrán ver en mis ojos cansados y sin luz mis andanzas cotidianas.

Y esta noche soñaré otra vez con mi barrio, con mi calle favorita. Esa que nos vio crecer y jugar. Esa que esta tarde afloró en una esquina y me habló de sus cosas con voz grave y añosa, gastada por el polvo y el viento. Escuché cordialmente sus lejanas alegrías y tristezas presentes , de haber sido ella el centro de reunión de desgarbados muchachos, de haber presenciado en tantas noches de luna el encuentro de secretas pasiones o en una tarde de lluvia ese beso que se escurrió por la alcantarilla. Oírle decir de su entusiasmo por reñidos encuentros futboleros. Ella, fiel hincha, observaba corretear a sus “ídolos” tras el balón improvisado. Después nos tendía sus amplias veredas para el descanso, participando en chispeantes y sabrosos comentarios; riéndonos estrepitosamente hasta el ocaso.

Oírle decir de la soledad de sus noches nostálgicas, inquietante por los ronquidos de algún vagabundo ebrio, que atraído por las cálidas aceras se durmió soñando que linda sería la vida si estuviera toda plantada de viñedos.

Dormiré plácidamente esta noche junto al vicioso de mi calle... ¡Ah, pero mañana si que no me olvido de decirle al enfermero que una rueda de mi silla esta floja!

Antonio Andalué

Octubre 26 de 2009

martes 27 de octubre de 2009

Enrique Silva Rodríguez - Coronel

Arriba de una Micro

Creo que me estoy volviendo loco.

No sé a ustedes
Pero a mí
Me pasa una cosa rara, muy rara, arriba de las micros
Sobre todo si voy sentado a la ventana
Mirando para afuera
Mientras el paisaje y las ideas
Se acarician y se funden
Irresponsablemente.

Por ejemplo esta mañana
Una mujer como un harapo hambriento y seco
Se apareció de pronto en la hediondez
De las pesqueras en Lo Rojas
Y se lavó la cara en una poza en la vereda

Y junto a la mujer había un quiltro flaco
De una flacura de palote
Como un niño carcomido por la roña de lo Rojas
Y el quiltro me miró
Moviéndome la cola
Con la cabeza de un pescado
En el hocico.


Me pasa una cosa rara muy rara arriba de las micros.

Porque después y de repente
En medio de mi soledad
Esa cosa rara muy rara
Como víbora o tarántula
Despelleja su evidencia
Y ahora no me acuerdo
Si era una mujer o era un harapo
Bebiendo el agua de una poza en la vereda
Lo que vi.

Ni me acuerdo si a su lado había un quiltro flaco
O había un niño
Famélico
Mirándome
Llevándose a la boca
La cabeza de un pescado.




Leyenda

Porque canté
Como los perros que le ladran a la luna
Allá
Sobre el pantano
Y fue quedándose
Lo sé
De quiltro en quiltro
Mi canción en la jauría.

Porque canté
Como una rana
Como un grillo
Y fue quedándose asimismo
De rana en rana
Y de grillo en grillo
Cada uno de mis versos la marisma.

Porque canté
Porque escribo
Porque en ti pude
Hacer el amor como un perro
Con aquella luna espléndida
Y fuimos ciénaga tú y yo
En la humedad y la penumbra.

Porque canté
Porque escribo
Porque tarde mal y nunca verso
Una puerta se me abre entre las sombras
Y entro en esa claridad
Como en tu sexo.




Mujer como el Mar

Yo conozco una mujer que es como el mar

Viene y se aleja esta mujer como una ola
De su misterio azul
A la marisma solitaria que me habita

Viene y se aleja esta mujer como una ola
Y es una alegría alegre tan alegre
Cuando llega y se desnuda
Con la nitidez de un barco
En la mirada del náufrago

Porque trae tanto de la playa esta mujer a mis orillas
Tanto maramor lame mi lecho
Que se espuman
Sus senos en mi boca
Que se olan en mis manos
Sus caderas
Que me areno entre sus piernas

Y penínsulo
Su pubis.





La piel de la Culebra

Este viejo pellejo que se desgarra a flor de piel
Por culpa de este otro pellejo inesperado y reciente
Que de tan hondo viene y se establece
En un espacio y tiempo nuevos
Proyectándome

Ese ser desconocido que soy y sigo siendo
De pellejo en pellejo
Elásticamente

Este lugar entre la forma y el aire
Que me desangra y me sutura
De un solo beso

La sinrazón que me exhala y me queda después

Esta angustia que me abraza
Y me machaca hueso
Médula
Sustancia
Y que me escupe feto
Fruto
Sortilegio





Los Bichos

Y no obstante lo ominoso del gusano
Que se nutre larva y transfigura
En el sueño putrefacto de los muertos

Y no obstante el espantoso escarabajo estercolero
Que en las fecas nace se consagra y reproduce

Y no obstante la lombriz que mutilada
Regenérase en sí misma
Semidiós y necrofílica
Casi humana

Y no obstante bicharraco sabandija y alimaña
Y no obstante lo baboso lo ciempiés lo erizado lo coraza

Y no obstante la lanceta y la ponzoña
La trompa que supura y atenaza
Yo venero entre los bichos
Tres virtudes que no tengo:

Su amor con las raíces

Esas extremidades capaces de hacer música y volar

Y tanta
Tanta luz en un poco de luciérnaga.




Amalia

Llévame al bosque encantado
Toma mi mano y llévame al bosque de los aromos enanos
Antes que anochezca
Ahora que la nube se pone su pijama colorado
Y en el patio
Nos guiñan el ojo las manzanas
Desde los manzanos japoneses

Yo sé que aún recuerdas
Como sólo en sueños yo recuerdo a veces
El silencio aquel del cual brotaba el trino de los pájaros
Que entonces no era el trino de los pájaros
El tiempo en que la luz remonta el vuelo
Y desde la luz que se nos va
Acude por nosotros la benéfica negrura de la vida

Muy dentro de mí
Yo quería que este fuera la nostalgia de la luz
Y no un poema
Pero no puedo ensombrecerme ante un gesto de luciérnaga
No me nace entristecer en tu presencia

Tú eres la blancura apenas mancillada por el mundo

Llévame al bosque encantado
Toma mi mano
Y entremos al bosque de los aromos enanos
Como la semilla empujada
Por el beso de la lluvia entra en la tierra
Y se despierta
Allí donde las brújulas
No tienen otro Norte que los sueños.




Aproximaciones al Misterio

Te regalo mi abeja
Su vuelo
Su espolón
Su cáliz

Mi amor es simple y circular
Como la vida
Como el sueño de la abeja

Mi amor es un niño remoto
Que jugando a las bolitas
Le dio cuerda al firmamento

En El principio
La Luz rompió los cántaros sagrados
Y el semen salpicó las escaleras
Chorreando los peldaños seculares

Los óvulos flotaban en el Cosmos

Amar amor
Es simplemente
Abejas y estrellas
Cometas y estrellas.




Desde el Velador

Desde el velador
Sentado encima de los libros
Alguien me mira

De ese fantasma en sepia
Me llega el tango que cantaba mi padre
Con la palidez del número seis
En la camiseta de Deportes Lota Schwager
En un retrato que teníamos
Hace tiempo
En nuestra casa en Maule

La nostalgia cae por los cuatro costados
Y se va detrás de una pelota perdida
En el corazón de la infancia

Desde el velador
Sentada encima de los libros
Alguien me abraza

De aquella luz viuda me llega
La imagen de mi madre
Zurcida al traqueteo de la máquina
Quemándose los ojos a las tres de la mañana

(Un invierno roba tejas
la corona de goteras)

Y mientras la lluvia cae por los cuatro costados
Y su pie cae sobre el pedal
Y la aguja cae sobre la cuenta de la luz
La cuenta del agua
Las tripas y los trapos
A nosotros se nos van desempañando las auras
Y nos vamos quedando dormidos
Con la frescura del pan en la panera de mañana

Desde el velador
Sentado encima de los libros
Un solo ser me mira
Un solo sol me abraza.



In-Trascendencia de los Perros

Los perros me aman
Porque yo me veo en ellos como en un espejo
Y ellos
Que no saben de espejos
Me miran y me ven como a un perro


Yo canto escribo poemas
Domestico palabras y perros
Ellos ladran aúllan gimotean

Yo trazo mapas en todas direcciones
Socavo el cielo con un ojo
Me miro la pelusa que tengo en el ombligo

Ellos comen y duermen mean y cagan
Van y vienen con un palo en el hocico
Van y vienen persiguiendo a los autos

Yo conjeturo teorizo enloquezco
Yo invento el amor
Me enamoro fornico trasciendo

Ellos se encelan aparean y amamantan

El universo es simple entre los perros
Se fundamenta
En la pura memoria de olores y lugares

Un día
La noche los atropella y se mueren
Sin saber qué mierda pasa
Se mueren
Y a mi se me eriza la piel de repente
Con tanto perro medio muerto en las calles
Con tanto perro reventado en los caminos

Porque yo no quiero morir como un perro

Y entonces los perros
Empiezan a salir de la muerte
Con un palo en el hocico
Y se echan en mi pecho
Y me pasan la lengua por el alma
Y a mí me va naciendo una sed desconocida insaciable
Tengo hambre tengo miedo
Y estoy solo
He perdido el rastro a casa y llueve
En la negrura del bosque
Veo una luz a lo lejos
De la luz viene el silbido del amigo que me llama

Y yo corro ladrando hacia la luz
Batiendo la cola
Seguro
Contento




Hombre con una Flor en la Oreja


Debajo de mi pecho
La llama de una vela languidece
Los brazos del encino se deshojan
Y la tarde esconde su farol
Mientras un perro muerto llora

Tú eras
Sencillamente
Un hombre sol
Con tanta claridad en la camisa
Que toda soledad era tu casa
Y todos los silencios un columpio

Has regresado al bosque Jorge
Te veo claramente
Colmando las raíces
Hálito
Sustancia
Semilla de la poesía
Humus del verso
Música que emana de la hondura de la tierra
Y sale por las grietas
Sale por los árboles
Y pálidamente es un insecto
Una hoja
Un brote
La mano de la niña que de pronto
Me pone una flor en la oreja.



Elevación del Pescado

Uno pesca algo de verdad
Cuando descubre un pescado
En la mesa de la cocina
Y vislumbra
Que hay un misterio en eso

Un misterio ahí
En la repugnancia de las tripas
En la súbita imagen del pescado
Que de escama en escama
Se eleva y multiplica
Simplificándolo todo:
Las matemáticas
La astronomía egocéntrica
El misterio de un orden
El misterio de un pez
De un pescado que camina
Y que de tanto caminar
Ha llegado a la luna

El misterio de la rueda en todo orden de cosas
El misterio de una rueda vetusta
Anterior al misterio de una rueda más grande todavía

La eternidad el círculo
El círculo que es círculo
Y eternamente círculo en el agua
Cuando cae la piedra
Cuando cae la bomba

El resorte

La espiral

El resorte y la espiral

La espiral que sujeta el alma a su cuerpo
El cuerpo a su madre

El resorte en el ombligo de Dios
La Vía Láctea que se abre como una hoja
El universo que se encoge igual que un anciano

La espiral de la carnada moviéndose en el fondo
El resorte del anzuelo entre las branquias
La rueda en el puño que trae un cuchillo
El círculo de la olla las cucharas y los platos


La rueda el círculo el resorte la espiral
En los intestinos del gato
Que se come mi cabeza.




Noctámbulo

La noche me mira con su único ojo

Y a mí de repente se me ocurre
En el ojo del cráneo
Y en el ojo del pecho
Que un enorme gato negro
Clava en mí
Su pupila incandescente
Y que esa pupila incandescente
Ese enorme gato negro
Sabe quién soy
Sabe que hago en este mundo

Sabe por qué me muevo así tan bien
De nicho a feto y de feto a nicho en la noche oscura

¿Por qué de pronto siento
que lo oscuro y yo nos conocemos
no importando de qué lado de la noche
nos miremos ojo en ojo?

A veces pienso
Que soy hijo de lo oscuro
Un bastardo de la noche
A quien la noche alumbra

A veces pienso
Que noches como esta
No son sino la escoria
Siempre viva
De un remoto
Y secreto
Amor edípico.




Hombre con el Lápiz en la Oreja

Soy el hombre con el lápiz en la oreja
Torpe intento de faquir y curandero
Donde piso brotan valles y desiertos
Llanos y mareas, parques y tormentas
Faros en la niebla, luces cegadoras

Soy el hombre con el lápiz en la oreja
Vengo herido lentamente de ternura
Con un rastro de famélicas palomas
Una baba de gametos y bemoles

Soy el hombre con el lápiz en la oreja
Me declaro:
Fugitivo prisionero de lo efímero
Esa histeria

Soy el hombre con el lápiz en la oreja
Me voy yendo
Poco a poco cada noche
A la noche inevitable
La de todos
Simplemente la de todos








ENRIQUE SILVA RODRÍGUEZ (Concepción, 1961): Todo el tiempo le ha gustado escribir. Piensa que escribir poesía es una forma de magia. Una especie de sortilegio indescifrable. No porque escribir poesía sea un ejercicio no real, sino porque escribir poesía es un impulso real e irreal. Lo que lo hace un misterio en esencia. Y por lo tanto fuente inagotable de curiosidad y fantasía. Tiene 42 años. Vive en Maule, Coronel. Trabaja como cualquier ser humano de este mundo. Suele sorprendérsele diciéndole a los niños de alma que la belleza existe, que la belleza nos pertenece y gozamos del derecho natural e inalienable a la belleza. Resumiendo: predica algo así como una religión incomprensible, una suerte de locura transparente. O sea, que sigue jugando al Viejito Pascuero, su primer gran oficio.

miércoles 22 de julio de 2009

Agustin Benelli - Concepción

RELOJ DE ARENA



I


Los marineros navegan con su alimento de estrellas
Cubren los mares con su alfabeto de sal
En su orilla errante transita el poeta con su reloj de arena
Sus ojos buscan en el equinoccio la grafía de un ave celeste
Mientras una chispa con su sangre colorea el crepúsculo.

En el aventurado pasar de los días
Su mano inventa un agua que tiembla
Que se agita en el surco subterráneo del deseo.

El lirio ha dejado de florecer
Anochece y las aves abandonan su vuelo.



2

Sentado en un banco miro la ciudad con mis hojas de papel
Intento escribir palabras con la medida de la razón
Pero no hay nada nuevo bajo esas luces de neón
El mandamiento de la belleza es un acto inevitable.

Los jilgueros bajan silenciosos
Por la cola de un cometa
Aterrizan en mis zapatos con sus frentes henchidas de voces y deseos
La que tiene alas de oro refulgente
Semilla de otro espacio
Ángeles y serafines de otros misterios.



3

Una lágrima con su belleza de agua
Me hace escribir con vehemencia
Su gota es flecha
Metal que busca su origen.

El címbalo bajo el mar rastrea la nota perdida
La roca que lleva tu nombre
La palabra que define con certeza mi destino.



EL SOL DE LOS NAVEGANTES

El cielo azul
Un planeta celeste a la distancia
El nuestro
El único
Que rodea el espacio
No sólo del ojo
Sino del oído también.

En la roca más alta
Mira el sol de los navegantes
Admira el fulgor en su justa lejanía.

Busca en oriente y occidente
La verdad de la materia que calcina.

Perpetuo viaje circular que nos ilumina
Conciencia y razón de toda medida.

viernes 5 de diciembre de 2008

Roxana Heise Venthur -Concepción











Relinchos Malsanos




A campo traviesa galopo tu recuerdo de potro indomable; la eternidad en mis ancas y el futuro fósil de tu amor en las entrañas.
Veneno, jamás dejé de reír en tu epopeya de olvido involuntario, pues soy la yegua que parió el tormento de tu alma, cuando andabas por ahí peinando la muñeca, de tanto buscar y buscar un sentido inexistente.
Percherón, el escupo de tus faltas fue destiñendo el pelaje que sostenía tu agobio, cuando noche tras noche te apareabas por error en la juerga de la vida, dejándome apestada de relinchos malsanos y carreras perdidas para siempre.
No te culpo, cómo hacerlo, el Derby del amor no estaba en tu destino. Me acorralaste hasta el día en que vencí tu resistencia para abrir de par en par el corralón de mis desdichas y escapar...en honor al linaje que me habita.




Vicio


Llevas un maletín negro y una miradas de esas que: ¡hay, cómo te digo!...
Me esperas desde hace doce minutos (si no lo sabré), y cuando me ves, una mirada de esas me deja algo aturdida. Ya era hora que esto terminara, sin duda, en eso coincidimos plenamente, pero cuando algo se convierte en vicio resulta difícil dejarlo.
El maletín negro te acompaña a la habitación y yo subo contigo. Te digo que ya, que bueno, pero recuerda: esta es la última vez. La primera vez fue en aquel balcón, mientras mi abuelita dormía la siesta bajo los efectos de unos sedantes. Luego fue en aquel parque, escondidos tras los matorrales, mientras un fetiche disfrutaba de la escena (no quiero recordar). Ahora tú, descarado, me pides que lo hagamos como la última vez pero variando la forma, esto es, más y más rápido, y yo me niego a pensar que hayas evolucionado tanto en este burdo oficio de autogratificación.
El maletín negro descansa sobre mis muslos, mientras un poco de licor me moja los tobillos desnudos. ¡Había que brindar esta vez! Después de todo, puede ser la última y ya, Todo lo disfrutado se quedará rondándonos la mente como un fantasma de aquellos que ayudan a vivir.
Coges el maletín, retiras el contenido con una cara de esas que me dan miedo. Retrocedo un poco, y me quito la ropa procurando no arrugar las prendas. Es entonces cuando envuelves mi cuerpo con los billetes y me rellenas los pechos y caderas con sublime maestría. Porque en esto sí eres un experto.
Tomamos la última copa y la dejamos allí, junto al maletín prolijamente limpiado y al nombre falso que dimos en portería, que seguro coincidirá con el del próximo huésped. Finalmente caminamos por la avenida, como una pareja de enamorados, mientras la conciencia me oprime las sienes y yo me pregunto por enésima vez, si esta será la última.



Destino


Vienes como siempre, a las diez y quince, con aquella tenida de payaso dominguero y un saxo bajo el brazo por si cae algo. Reímos por las calles como dos perros vagos y la luz de los faroles comienza a iluminarnos. Dices que sí, que esta noche será la vencida, que hay amigos influyentes por ahí, apostando por ti y yo me río: te digo que es por un chiste que recordé, y me guiñas el ojo alegremente, como diciendo: vale, esta será la vencida. Pero aunque niegas reconocerlo, sabes que tu destino es tocar en los burdeles, oliendo a sexo barato y cigarrillo trasnochado; viéndome sólo a mi, cuando el frío de todos los inviernos te desgarre la garganta de tanto darle y darle, de esperanza en esperanza. Me preguntas qué me pasa, no entiendes que estoy divagando. Dices que aún vale la vida, porque estoy a tu lado, y me das justo en el pecho de loca desvergonzada. Aseguras que algún día el mundo verá tu talento, y te aplaudo en la avenida haciéndote una reverencia. La calle nos pertenece, mi bufón de pacotilla: mira como todos vienen a escucharte, y te dejan monedas que recojo en mi sombrero, y te aplauden cuando gritas: ¡esta será mi noche!, yo quisiera llorar, pero prefiero lanzarme alrededor de tu cuello y besarte con locura, como en un fin de mundo. La gente nos aclama, en un enorme alboroto. Los vecinos se aproximan, si hasta la policía aparece de improviso.
Cuando lleguemos al bar y aparezcan los amigos...los amigos aquellos...
Agacho la cabeza mientras entramos al carro policial. Le pido al matón aquel que nos deje en libertad y te devuelva el saxo, pero dice que no, por ofensas a la moral...Ofensas a la moral...ofensas a la moral...quién mejor que nosotros puede saber de eso, respondo en voz bajita, sólo por no atormentarte, pues sigues reza que reza: cuando lleguemos al bar y aparezcan los amigos...los amigos aquellos...entonces será mi noche. ¡Basta Rubén!- te suplico- ¡Basta de darle a los sueños!-. Sólo me respondes: Juan..., y quedas como volando...


EL LUNAR

Este extraño lunar que crece y crece, piensa él cada mañana frente al espejo. No es que sea grande grande, sin embargo, a él le parece que está cada vez más puntiagudo, que adquirió de pronto el carácter de una montaña, después de haber sido sólo un punto muerto en medio de la cara. Y no es que le preocupen las marcas en el rostro y esas tonterías, es sólo que él, está consciente de la azarosa lucha por el sustento diario y de sus graves problemas económicos, protestos piensa, mientras se rasca el lunar y le mueve sutilmente la cúspide. Vendrán los acreedores y lo coge de la base, incrustando levemente la uña de su índice derecho. Aquello del jefe fue una chambonada, mire que considerarlo incompetente, bueno, son cosas que pasan. Apoya su rostro sobre el espejo, el lunar no lo percibe y parece no existir, la humedad de su respiración empaña sus facciones, lo vuelve dúctil y etéreo como la nada. Piensa que esta vez todo acabó, que hoy recibirá el sobre azul, quizás sí, quizás no. Su esposa ignora la situación, sus hijos juegan a ser grandes en la habitación contigua mientras él se aleja del vidrio, su rostro está sudoroso, el lunar sigue allí, más grande aún, en verdad piensa, esta vez ha crecido demasiado, su tamaño se ha vuelto cósmico, será mejor que lo extirpe.



BREVE RESEÑA

Roxana Heise nació en Victoria (Chile) el 20 de abril de 1964. Sus textos han sido publicados en la revista "Escribir y Publicar" de Editorial Salvat, revista periférica
(Portugal), Repertorio Latinoamericano (Argentina), Revista Nitecuento, Gibralfaro.org, El Escribidor, Revista ADES, Divague.com, ALMIAR, Revista Libre Internacional, Los Nóveles, Mis escritos.com, Revista Expresiones, Boletín de literatura Aledaños, Culturízate.com, Bestiario, revista de contos. etc.
El año 2001 obtuvo mención de honor en concurso de cuentos breves "Alfred Hitchcock".
Seleccionada para antología “Los magos del cuento”, ediciones El salvaje refinado, U.S.A 2001.
Finalista año 2004 concurso “Civilia, todos somos diferentes”, publicada en antología “Libertad bajo palabras”.
Traducida al portugués por Fernando Gouveia para revista periférica (octubre 2004).
Seleccionada en concurso del Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura. (Chile - junio 2006) con novela “Frenético Sosiego”, la cual fue publicada en formato tradicional y distribuida en bibliotecas públicas del país. Actualmente es traducida al polaco por los investigadores literarios: Mieszko A. Kardyni y Pawel Rogozinski,


viernes 14 de noviembre de 2008

Cristián Lagos Troncoso -Hualpén

CADAVERDE



Contar el mismo signo

de la luz,

las amapolas,

las cosas tristes que hay

sobre la piel.

Unos miserables amigos

de tu cama,

una la etílica disposición de los navíos.

Azul, rojo óptico,

cadaverde,

maniquíes de lava barriendo tejados,

ojo mágico que lo ve todo,

el todo color y el hielo,

la absoluta misericordia para el que pierde

y con el frío de una noche opaca,

olvida todos los colores en la angustia.




ESA MASA DE TI



En algún lugar como luna, una pieza de metal en tus costillas.

Algún lugar y avenidas

y soles oscuros y complejos animales

que componen esa masa de ti

como melodía,

sí, como si de alquimia se tratara.

Esa masa de ti, ese,

ese que es albino viento entumecido

el alimento de toda vida ninguna.

En algún lugar la luna,

esa mitad de ti

que somos todos,

eso que habita en los violines

eso, eso

y el olor del color del fin.





25

Un día a las dos de la tarde descendió por la Tercera Avenida. Paró donde se juntan las cuatro esquinas y, como si fuera la quinta esencia, tomo un bus que llevaba seis pasajeros. Los siete días de la semana los pasaba cesante. Ocho empleos inconclusos acabaron con su paciencia. Pensando que los nueve planetas giraban en su contra, maldijo 10 veces su maldito infortunio. Bajó cerca del metro y descendió los 11 escalones con tal parsimonia que parecía que se tardaría los doce meses del año en hacerlo. Era un martes trece y catorce grados indicaba el panel luminoso. Subió al elevador y descendió en el piso15. Cerca de la caja tomo el número dieciséis. Cuando ya llevaba 17 minutos de espera la secretaria anunció “Todas las personas mayores de 18 años deben esperar en la oficina 19”. El, por supuesto, con sus veinte años se dirigió con desgano. Estamos en el siglo XXI –pensó- y aún no se acaban las filas. Completó el formulario 22 con la paciencia de Juan XXIII. Le informaron que, dentro de 24 horas recibiría el cheque y así, algo más contento, pensó en los mendrugos que podría comer el día de navidad.

miércoles 12 de noviembre de 2008

Marta García - Coronel

LA JULIA

Mi ciudad fue minera, hoy es industrial. Pero mi barrio, en Camilo Olavaria, es de trabajadores llegados desde las minas de Schwager; muchos desde Concepción y los alrededores, tras el terremoto de 1960.

Antes del terremoto, digamos por allá por la década del cuarenta, su gente era pobre o rica.

Éstos se bañaban todos los días, tenían buena ropa, casa decente y comían cuatro veces al día: un suculento desayuno con leche de vaca – no sintética como ahora-, pan con mantequilla de verdad y mermelada hecha por la abuela. Cuatro platos para el almuerzo de medio día y de noche: entrada, cazuela, un guiso de segundo plato fuerte, las legumbres de tercero y el postre, generalmente de leche. Todo ello regado con buenos vinos, también de verdad, traídos directamente desde la viña del pariente que vivía en Coelemu. Además eran los invitados de honor en todas las grandes ceremonias donde lucían sus joyas y riquezas materiales. Eran los señores del pueblo.

Para el pobre en tanto, el desayuno era “ulpo de harina” (harina de trigo tostado al que se agregaba agua hirviendo) y, al almuerzo y comida, los “porotos con rienda” (frijoles con pastas). El único que estaba obligado a bañarse era el amo de la casa para sacar el polvo de carbón que ennegrecía su cuerpo. El resto de la familia, cuando quería o podía. No estaban obligados por el “que dirán” de hacerlo todos los días. No como el rico que debía estar siempre “olorocito” a limpio. Así ambos publicaban su condición de pobre o rico a través del olfato.

No había término medio.

La clase media, que sí existía, era rica o pobre según la ocasión. Para los ricos era pobre y para los pobres era rica. No eran los dueños ni ejecutivos de la empresa ni tampoco los trabajadores (peones o apires) mineros. Eran de la clase- no manifestada- que se lucraba con el sudor de los pobres trabajadores y de la benevolencia o estupidez de los ricos; siempre soñando con llegar al nivel de potentados, tener la oportunidad de lucir la riqueza y derroche que mostraban los de más arriba. Estaba conformada por comerciantes, prestamistas, empleados públicos y de segunda categoría de la empresa minera. Cada una de estas familias envidiaba las adquisiciones de sus semejantes obtenidas con buenas o malas artes. Y ésta se manifestaba en el rumor adjudicándoles el mote de “sinvergüenzas y ladrones que robaban a los pobres”.

A esta clase pertenecía la Julia. Descendiente directa de un francés que trabajó como práctico en las minas, en esos años en que a don Federico Schwager se le ocurrió abrir una mina a partir de un socavón en la orilla del mar, sin contar con los elementos que hoy existen para tales faenas. Se usó la fuerza bruta de los trabajadores con palas, picotas y animales de tiro. El ingenio de los profesionales extranjeros logró abrir el gran túnel que se hundiría bajo el mar siguiendo las vetas de carbón.

La Julia, rubia, bonita, parecía señorita rica por los abalorios con que se cubría, y era codiciada por los pobres y los ricos.

Pero ella no era tonta, quería casarse y tener una familia. El rico nunca se casaría con ella aunque estuviera enamorado, porque la “clase manda”. Así es que para marido eligió a un minero de fuerte musculatura y bellas facciones, al que amó. Deseaba que sus hijos fueran bellos, como ella y él.

Un accidente fatal en la mina, dejó a la Julia viuda con dos hijos y una pensión miserable, que la obligó a trabajar “por su cuenta”. Vendía ropa al crédito o pescado cuando las cosas iban mal por las huelgas. También, si se daba la ocasión iba a Concepción a vender en las ferias o a realizar timos de poca monta, con mucho cuidado para no ser descubierta. Debía mantener su status dentro de la comunidad.

Viuda y relativamente joven, otro minero se enamoró de ella. Era bueno casarse con mineros porque se tenía la vida asegurada, mientras estos vivieran. Dos hijos más y, nuevamente un derrumbe en el interior de la mina, la dejó viuda, con otra pensión miserable. Para casarse debía renunciar a la primera. Por ley la persona debía recibir una sola. Pero ella prefería eso, a vivir sólo amancebada.

Cuatro hijos, a los que había que alimentar y servir se acumulaban a las obligaciones de la Julia que, sin embargo, se preocupaba de su figura y de vestir los mejores trapos que llegaban a sus manos. Continuó con sus trabajos independientes. Algunas veces se hacía pasar por “prestamista”, pero más de alguna familia minera la dejaba sin ganancias por fallecimiento del jefe de hogar, en algunos de los frecuentes accidentes.

Así conoció al tercer marido. Con éste aumentó su parvada en tres hijos más. No dejaba de interesarse por las nuevas leyes de protección de la familia y de los beneficios para los mineros, que leía y guardaba con devoción, más que la Biblia consabida. De modo que, por los años cincuenta pidió los beneficios de asignación familiar para sus siete hijos, a los que crió y educó a su manera. En esa ocasión conocí a la Julia, cuando hacía sus trámites en el Seguro Social.

El terremoto de 1960 le dio la oportunidad de “hacerse de una casita en “La Magri”, población al lado de “La Desco”, que, durante el Gobierno de Alessandri, se había construido para los mineros de Schwager. Hoy, Camilo Olavarria.

El tercer marido contrajo una enfermedad propia de los mineros que respiran constantemente el polvo de carbón, la temida “silicosis”. Y era de ver a la Julia trajinando entre servicios de salud y previsión para insistir en sus trámites o cobrar las cuotas de sus préstamos a los pensionados o vendiendo las ropas que matuteaba comprando a uno en Santiago y vendiendo a tres en Coronel.

Conocía todos las formas de engañar al prójimo por su eterna amistad con los menesterosos y ladrones de quienes aprendía, no para emularlos sino para defenderse, especialmente, cuando viajaba a Santiago porque allí hay que tener mucho cuidado.

Se podía confiar en ella, porque aunque vivía en esa pobreza tan especial, donde no falta lo esencial para los hijos y los allegados, nunca estafó ni engañó a nadie, excepto al Estado, que era una tierra de nadie. A éste había que ganarle beneficios sin pagar impuestos de ningún tipo, porque ella era pobre. Que pagaran los ricos.

Aprovechó de todas las leyes que, de alguna manera protegían a los de la clase baja, porque ella estaba en esa línea sutil que separa al pobre de la clase media. La Julia se podía considerar rica porque se bañaba todos los días y vestía buenas ropas que compraba de ocasión, pero era pobre por ser viuda y estar casada con mineros.

A pesar de su sapiencia en cuestiones de de leyes sociales, trucos y engaños, un día llegó llorando de indignación a su hogar. ¡Había sido timada con el cuento del tío! ¡Ese cuento tan sabido por ella! El orgullo herido era más fuerte que la pérdida del dinero de una de sus pensiones.

Muerto el tercer marido, en los años setenta, se volvió a casar con un feriante. Gran escándalo en su familia que trataba de “tirar para arriba” Esta vieja “loca y caliente” fue el hazmerreír de la comunidad. Pero eso, a ella no le importaba, nunca se sintió prostituta porque fue fiel a su condición de mujer casada y viuda como lo manda la sociedad. Y por qué no iba a tener hombre en su cama, si legalmente le correspondía.

El primero, había sido elegido por amor, el segundo por necesidad, el tercero por pasión y el último “pa’no perder la costumbre”, dijo

Eso sí, nunca ejerció la prostitución a pesar de ser un buen negocio. Claro que algunos de sus trabajos no eran tan santos, pero la prostitución, alcohol y drogas estaban relegados a la tierra de “nunca jamás”.

Y murió este cuarto marido, tal vez por los sometimientos sexuales de la Julia, tal vez porque el hombre estaba enfermo, no se sabe a causa de qué, lo cierto es que a poco tiempo de casados la Julia quedó viuda por cuarta vez.

Falleció la Julia hace poco tiempo atrás, a los casi noventa años.

Más de ciento cincuenta personas eran sus deudos entre hijos, nietos, bisnietos y tataranietos, contando a los cinco varones a los que crió junto con los suyos, huérfanos de mineros fallecidos y de padres encarcelados, con sus respectivas descendencias.

Cuando la llevamos al cementerio, sentí que mi barrio perdía a un personaje de sapiencia natural extraordinaria. Una mujer que nunca se dejó abatir por las penurias, ni tampoco se dejó manejar. Y, además, que tenía solución para todos los problemas

Esta era gente de mi barrio. Ahora, las cosas han cambiado.

MARTA IVONIA

viernes 3 de octubre de 2008

Vacío escarchado

Nadie espera cuando en la playa llueve

Esperar que alguien llegue cuando tienes los ojos cerrados, frente al mar y tus pies aguantan respirar en el agua y la arena rasguña la piel como lágrimas ácidas, es una ridícula necesidad humana. Ridícula porque todos la tienen, mas nadie se atreve a respirar de los silencios de alguien que espera, con los pies fríos de cansada esperanza. Y todos prefieren quedarse tirados en la arena antes que atreverse a encontrar lo desconocido. (Yo lo hago para eliminar miedo).

La palabra no siempre es verbo, por estos lados y por estos tiempos es más adjetivo -y calificativo-. Por eso se silencia cuando se espera, cuando se busca, cuando se despide. La mente expresa con palabras inexistentes.

Y siempre que se abren los ojos se desea mirar atrás, aunque se está seguro que no hay nadie, al menos para ti. Volteas, pero para volver. Detestas haberte adentrado más de lo debido, porque los pantalones remangados no sirvieron para salvarse de mojarse. Aunque por dentro, te hubiese dado lo mismo sumergirte entero, sólo para tener la certeza de que si ves agua en tus ojos no son lágrimas, sino sal y al fin sentirte un poco más vivo.




RESEÑA

Vacío escarchado vive en Talcahuano, tiene 18 años. Cursó su enseñanza media en el Colegio Adventista de Talcahuano.

PREMIOS Y DISTINCIONES:
En el año 2005 obtuvo tercer lugar en el Concurso de cuentos "NARRATIVA FANTÁSTICA" organizado por la Biblioteca Viva en conjunto con el Museo Bellas Artes, en el 2006 un reconocimiento en el concurso de la Universidad Católica para alumnos de terceros y cuartos medios, modalidad cuento y en el año 2007 el primer lugar en el mismo concurso.