Este blog se ha abierto para difundir la creación de artistas de la región del BíoBío.
La historia dice que hace 2700 años A.C. aparecen los primeros relatos que describen una guerra, desde allí hemos recibido imágenes y consignas que describen muerte, desolación y hambre. Este colectivo dice No a la guerra cualquiera sea su forma, está al servicio del arte y la nobleza del ser humano.
Un aporte CIC
Arte y Cultura
Centro de Investigaciones Culturales Colectivo La silla
a Domingo Gómez Rojas poeta anarquista, muerto en la tortura el año 1920
Aquí vamos los viajeros incansables en brazos de la perpetua sonrisa tenemos jardines lejanos y tesoros enterrados en otras islas vamos siempre tras el mismo norte desde el primer zarpe, hace tanto tiempo buscando el mejor lugar para nuestra siembra encontrando puertos abandonados donde hombres y mujeres muertos pasean descalzos por la calle fría y tañen campanas de duelo en cada esquina somos nosotros; los malditos llevamos banderas bordadas en la piel y la voz gastada de tanto cantar inmóviles se diluyen los sueños hay un viento gris que todo lo arrasa buscamos amor y chocamos con piedras hay una cárcel en cada alma viajera que imprime a la vez alegría y tristeza con tanto viajar almacenando recuerdos se nos fue la vida sin construir los sueños y al irnos nosotros no cambiará nada partirán de otros puertos los nuevos viajeros a buscar esperanzas y encontrarán hombres y mujeres muertos paseando descalzos por la fría calle
Casi un Hombre Bajo el manto triste de la lluvia Pasa un hombre casi un hombre Prolonga sus raices en el cemento El agua invade su pelo, su barba, sus orejas Lleva en la suma de sus heridas El dolor del nido de la calle Las alas de la noche en el alma y El vino que pudre sus entrañas La lengua feroz de un perro azul Lava las huelas de los tiempos Quien podria decir quien es culpable De la tormenta eterna en su destino Al valle silencioso del otoño Arrastra sus pasos ya cansados Las golondrinas en la primavera No serian las mismas que lo vieron Los dioses se ocultan en el bosque Llevan en sus manos los designios Los aromos se esparcen como trigo Manteniendo el ritmo de las aves No habra ni una cruz de madera En la tumba que culmine su camino No habran campanas de difunto Ni flores, ni carro, ni palabras Nadie sabra al otro dia Que un hombre casi hombre paso por la vida
He de confesar que me gusta deambular por las calles de mi ciudad, salirme de ellas y encontrar un tesoro escondido en alguna casa olvidada por el tiempo. Recorrer sus habitaciones entre telarañas y retratos desteñidos de miradas adustas y sombrías. Sentarmeen un destartalado sillón frente a una chimenea en donde chillan presurosas ratas. Sacar mi libro de versos preferido de entre mis ropas y soñar y soñar.
¡Ah, soñar que encanto! Libre por siempre y lejos de todo. Libre como el humo que se va elevando suavemente cada vez más para escabullirse por entre el techo roto hacia la inmensidad.
Cómo me encanta pasear por las avenidas, sentir sus palpitaciones, distinguir sus aromas, apreciar sus líneas, jardines y balcones floridos. Y entre fragancias de rosas y claveles ver el rostro hermoso de una madre que atareada en la artesa me arroja la más linfa flor para mi solapa.
Llegar a la estación ferroviaria y sentirme nuevamente útil, ayudar a las señoras con sus pesados canastos, bultos y maletas. Sentir el bullicio, la alegría de los viajeros, el dolor de una despedida y el chirrido inconfundible de la locomotora, y luego, el humo a la distancia.
Llegar al puerto con la algarabía de gaviotas revoloteando entre las embarcaciones, el inconfundible olor a mar por todas partes, las redes remendadas al sol junto a la ilusión de la próxima incursión. Transitar por entre los botes arrojados en la playa y deleitarme leyendo sus nombres. Algunos me sugieren secretas historias de amor: “Delfina I”, “Angélica Hermosa”. Sentarme en una proa y hacerme a la mar, surcando raudo las olas y traer un pez dorado para cada uno de nosotros.
Me gusta mirar a los pescadores, hombres fornidos, de piel rugosa e historias sin tiempo. El mar se les ha impregnado en los ojos, la roca en sus manos, el horizonte en sus dientes y una tempestad en los cabellos.
Pasar a la escuela donde un universo de conocimientos encerrados se abrió a mentes ansiosas y fructíferas; compartiendo el pan y la lección del profesor que brota de las páginas impresas.
Llegar al parque somnoliento de árboles caprichosos y aves sinfónicas, en donde pincel Maestro pintaron los más bellos colores.
Y después la plaza, siempre con estudiantes revoloteando, el viejo fotógrafo, los multicolores globos, los helados y las golosinas.
Todo es maravilloso cada día. Andar y andar, soñar y soñar. Regresar al asilo radiante y todos podrán ver en mis ojos cansados y sin luz mis andanzas cotidianas.
Y esta noche soñaré otra vez con mi barrio, con mi calle favorita. Esa que nos vio crecer y jugar. Esa que esta tarde afloró en una esquina y me habló de sus cosas con voz grave y añosa, gastada por el polvo y el viento. Escuché cordialmente sus lejanas alegrías y tristezas presentes, de haber sido ella el centro de reunión de desgarbados muchachos, de haber presenciado en tantas noches de luna el encuentro de secretas pasiones o en una tarde de lluvia ese beso que se escurrió por la alcantarilla. Oírle decir de su entusiasmo por reñidos encuentros futboleros. Ella, fiel hincha, observaba corretear a sus “ídolos” tras el balón improvisado. Después nos tendía sus amplias veredas para el descanso, participando en chispeantes y sabrosos comentarios; riéndonos estrepitosamente hasta el ocaso.
Oírle decir de la soledad de sus noches nostálgicas, inquietante por los ronquidos de algún vagabundo ebrio, que atraído por las cálidas aceras se durmió soñando que linda sería la vida si estuviera toda plantada de viñedos.
Dormiré plácidamente esta noche junto al vicioso de mi calle... ¡Ah, pero mañana si que no me olvido de decirle al enfermero que una rueda de mi silla esta floja!
No sé a ustedes Pero a mí Me pasa una cosa rara, muy rara, arriba de las micros Sobre todo si voy sentado a la ventana Mirando para afuera Mientras el paisaje y las ideas Se acarician y se funden Irresponsablemente.
Por ejemplo esta mañana Una mujer como un harapo hambriento y seco Se apareció de pronto en la hediondez De las pesqueras en Lo Rojas Y se lavó la cara en una poza en la vereda
Y junto a la mujer había un quiltro flaco De una flacura de palote Como un niño carcomido por la roña de lo Rojas Y el quiltro me miró Moviéndome la cola Con la cabeza de un pescado En el hocico.
Sí Me pasa una cosa rara muy rara arriba de las micros.
Porque después y de repente En medio de mi soledad Esa cosa rara muy rara Como víbora o tarántula Despelleja su evidencia Y ahora no me acuerdo Si era una mujer o era un harapo Bebiendo el agua de una poza en la vereda Lo que vi.
Ni me acuerdo si a su lado había un quiltro flaco O había un niño Famélico Mirándome Llevándose a la boca La cabeza de un pescado.
Leyenda
Porque canté Como los perros que le ladran a la luna Allá Sobre el pantano Y fue quedándose Lo sé De quiltro en quiltro Mi canción en la jauría.
Porque canté Como una rana Como un grillo Y fue quedándose asimismo De rana en rana Y de grillo en grillo Cada uno de mis versos la marisma.
Porque canté Porque escribo Porque en ti pude Hacer el amor como un perro Con aquella luna espléndida Y fuimos ciénaga tú y yo En la humedad y la penumbra.
Porque canté Porque escribo Porque tarde mal y nunca verso Una puerta se me abre entre las sombras Y entro en esa claridad Como en tu sexo.
Mujer como el Mar
Yo conozco una mujer que es como el mar
Viene y se aleja esta mujer como una ola De su misterio azul A la marisma solitaria que me habita
Viene y se aleja esta mujer como una ola Y es una alegría alegre tan alegre Cuando llega y se desnuda Con la nitidez de un barco En la mirada del náufrago
Porque trae tanto de la playa esta mujer a mis orillas Tanto maramor lame mi lecho Que se espuman Sus senos en mi boca Que se olan en mis manos Sus caderas Que me areno entre sus piernas
Y penínsulo Su pubis.
La piel de la Culebra
Este viejo pellejo que se desgarra a flor de piel Por culpa de este otro pellejo inesperado y reciente Que de tan hondo viene y se establece En un espacio y tiempo nuevos Proyectándome
Ese ser desconocido que soy y sigo siendo De pellejo en pellejo Elásticamente
Este lugar entre la forma y el aire Que me desangra y me sutura De un solo beso
La sinrazón que me exhala y me queda después
Esta angustia que me abraza Y me machaca hueso Médula Sustancia Y que me escupe feto Fruto Sortilegio
Los Bichos
Y no obstante lo ominoso del gusano Que se nutre larva y transfigura En el sueño putrefacto de los muertos
Y no obstante el espantoso escarabajo estercolero Que en las fecas nace se consagra y reproduce
Y no obstante la lombriz que mutilada Regenérase en sí misma Semidiós y necrofílica Casi humana
Y no obstante bicharraco sabandija y alimaña Y no obstante lo baboso lo ciempiés lo erizado lo coraza
Y no obstante la lanceta y la ponzoña La trompa que supura y atenaza Yo venero entre los bichos Tres virtudes que no tengo:
Su amor con las raíces
Esas extremidades capaces de hacer música y volar
Y tanta Tanta luz en un poco de luciérnaga.
Amalia
Llévame al bosque encantado Toma mi mano y llévame al bosque de los aromos enanos Antes que anochezca Ahora que la nube se pone su pijama colorado Y en el patio Nos guiñan el ojo las manzanas Desde los manzanos japoneses
Yo sé que aún recuerdas Como sólo en sueños yo recuerdo a veces El silencio aquel del cual brotaba el trino de los pájaros Que entonces no era el trino de los pájaros El tiempo en que la luz remonta el vuelo Y desde la luz que se nos va Acude por nosotros la benéfica negrura de la vida
Muy dentro de mí Yo quería que este fuera la nostalgia de la luz Y no un poema Pero no puedo ensombrecerme ante un gesto de luciérnaga No me nace entristecer en tu presencia
Tú eres la blancura apenas mancillada por el mundo
Llévame al bosque encantado Toma mi mano Y entremos al bosque de los aromos enanos Como la semilla empujada Por el beso de la lluvia entra en la tierra Y se despierta Allí donde las brújulas No tienen otro Norte que los sueños.
Aproximaciones al Misterio
Te regalo mi abeja Su vuelo Su espolón Su cáliz
Mi amor es simple y circular Como la vida Como el sueño de la abeja
Mi amor es un niño remoto Que jugando a las bolitas Le dio cuerda al firmamento
En El principio La Luz rompió los cántaros sagrados Y el semen salpicó las escaleras Chorreando los peldaños seculares
Los óvulos flotaban en el Cosmos
Amar amor Es simplemente Abejas y estrellas Cometas y estrellas.
Desde el Velador
Desde el velador Sentado encima de los libros Alguien me mira
De ese fantasma en sepia Me llega el tango que cantaba mi padre Con la palidez del número seis En la camiseta de Deportes Lota Schwager En un retrato que teníamos Hace tiempo En nuestra casa en Maule
La nostalgia cae por los cuatro costados Y se va detrás de una pelota perdida En el corazón de la infancia
Desde el velador Sentada encima de los libros Alguien me abraza
De aquella luz viuda me llega La imagen de mi madre Zurcida al traqueteo de la máquina Quemándose los ojos a las tres de la mañana
(Un invierno roba tejas la corona de goteras)
Y mientras la lluvia cae por los cuatro costados Y su pie cae sobre el pedal Y la aguja cae sobre la cuenta de la luz La cuenta del agua Las tripas y los trapos A nosotros se nos van desempañando las auras Y nos vamos quedando dormidos Con la frescura del pan en la panera de mañana
Desde el velador Sentado encima de los libros Un solo ser me mira Un solo sol me abraza.
In-Trascendencia de los Perros
Los perros me aman Porque yo me veo en ellos como en un espejo Y ellos Que no saben de espejos Me miran y me ven como a un perro
Yo canto escribo poemas Domestico palabras y perros Ellos ladran aúllan gimotean
Yo trazo mapas en todas direcciones Socavo el cielo con un ojo Me miro la pelusa que tengo en el ombligo
Ellos comen y duermen mean y cagan Van y vienen con un palo en el hocico Van y vienen persiguiendo a los autos
Yo conjeturo teorizo enloquezco Yo invento el amor Me enamoro fornico trasciendo
Ellos se encelan aparean y amamantan
El universo es simple entre los perros Se fundamenta En la pura memoria de olores y lugares
Un día La noche los atropella y se mueren Sin saber qué mierda pasa Se mueren Y a mi se me eriza la piel de repente Con tanto perro medio muerto en las calles Con tanto perro reventado en los caminos
Porque yo no quiero morir como un perro
Y entonces los perros Empiezan a salir de la muerte Con un palo en el hocico Y se echan en mi pecho Y me pasan la lengua por el alma Y a mí me va naciendo una sed desconocida insaciable Tengo hambre tengo miedo Y estoy solo He perdido el rastro a casa y llueve En la negrura del bosque Veo una luz a lo lejos De la luz viene el silbido del amigo que me llama
Y yo corro ladrando hacia la luz Batiendo la cola Seguro Contento
Hombre con una Flor en la Oreja
Debajo de mi pecho La llama de una vela languidece Los brazos del encino se deshojan Y la tarde esconde su farol Mientras un perro muerto llora
Tú eras Sencillamente Un hombre sol Con tanta claridad en la camisa Que toda soledad era tu casa Y todos los silencios un columpio
Has regresado al bosque Jorge Te veo claramente Colmando las raíces Hálito Sustancia Semilla de la poesía Humus del verso Música que emana de la hondura de la tierra Y sale por las grietas Sale por los árboles Y pálidamente es un insecto Una hoja Un brote La mano de la niña que de pronto Me pone una flor en la oreja.
Elevación del Pescado
Uno pesca algo de verdad Cuando descubre un pescado En la mesa de la cocina Y vislumbra Que hay un misterio en eso
Un misterio ahí En la repugnancia de las tripas En la súbita imagen del pescado Que de escama en escama Se eleva y multiplica Simplificándolo todo: Las matemáticas La astronomía egocéntrica El misterio de un orden El misterio de un pez De un pescado que camina Y que de tanto caminar Ha llegado a la luna
El misterio de la rueda en todo orden de cosas El misterio de una rueda vetusta Anterior al misterio de una rueda más grande todavía
La eternidad el círculo El círculo que es círculo Y eternamente círculo en el agua Cuando cae la piedra Cuando cae la bomba
El resorte
La espiral
El resorte y la espiral
La espiral que sujeta el alma a su cuerpo El cuerpo a su madre
El resorte en el ombligo de Dios La Vía Láctea que se abre como una hoja El universo que se encoge igual que un anciano
La espiral de la carnada moviéndose en el fondo El resorte del anzuelo entre las branquias La rueda en el puño que trae un cuchillo El círculo de la olla las cucharas y los platos
La rueda el círculo el resorte la espiral En los intestinos del gato Que se come mi cabeza.
Noctámbulo
La noche me mira con su único ojo
Y a mí de repente se me ocurre En el ojo del cráneo Y en el ojo del pecho Que un enorme gato negro Clava en mí Su pupila incandescente Y que esa pupila incandescente Ese enorme gato negro Sabe quién soy Sabe que hago en este mundo
Sabe por qué me muevo así tan bien De nicho a feto y de feto a nicho en la noche oscura
¿Por qué de pronto siento que lo oscuro y yo nos conocemos no importando de qué lado de la noche nos miremos ojo en ojo?
A veces pienso Que soy hijo de lo oscuro Un bastardo de la noche A quien la noche alumbra
A veces pienso Que noches como esta No son sino la escoria Siempre viva De un remoto Y secreto Amor edípico.
Hombre con el Lápiz en la Oreja
Soy el hombre con el lápiz en la oreja Torpe intento de faquir y curandero Donde piso brotan valles y desiertos Llanos y mareas, parques y tormentas Faros en la niebla, luces cegadoras
Soy el hombre con el lápiz en la oreja Vengo herido lentamente de ternura Con un rastro de famélicas palomas Una baba de gametos y bemoles
Soy el hombre con el lápiz en la oreja Me declaro: Fugitivo prisionero de lo efímero Esa histeria
Soy el hombre con el lápiz en la oreja Me voy yendo Poco a poco cada noche A la noche inevitable La de todos Simplemente la de todos
ENRIQUE SILVA RODRÍGUEZ (Concepción, 1961): Todo el tiempo le ha gustado escribir. Piensa que escribir poesía es una forma de magia. Una especie de sortilegio indescifrable. No porque escribir poesía sea un ejercicio no real, sino porque escribir poesía es un impulso real e irreal. Lo que lo hace un misterio en esencia. Y por lo tanto fuente inagotable de curiosidad y fantasía. Tiene 42 años. Vive en Maule, Coronel. Trabaja como cualquier ser humano de este mundo. Suele sorprendérsele diciéndole a los niños de alma que la belleza existe, que la belleza nos pertenece y gozamos del derecho natural e inalienable a la belleza. Resumiendo: predica algo así como una religión incomprensible, una suerte de locura transparente. O sea, que sigue jugando al Viejito Pascuero, su primer gran oficio.
Los marineros navegan con su alimento de estrellas Cubren los mares con su alfabeto de sal En su orilla errante transita el poeta con su reloj de arena Sus ojos buscan en el equinoccio la grafía de un ave celeste Mientras una chispa con su sangre colorea el crepúsculo.
En el aventurado pasar de los días Su mano inventa un agua que tiembla Que se agita en el surco subterráneo del deseo.
El lirio ha dejado de florecer Anochece y las aves abandonan su vuelo.
2
Sentado en un banco miro la ciudad con mis hojas de papel Intento escribir palabras con la medida de la razón Pero no hay nada nuevo bajo esas luces de neón El mandamiento de la belleza es un acto inevitable.
Los jilgueros bajan silenciosos Por la cola de un cometa Aterrizan en mis zapatos con sus frentes henchidas de voces y deseos La que tiene alas de oro refulgente Semilla de otro espacio Ángeles y serafines de otros misterios.
3
Una lágrima con su belleza de agua Me hace escribir con vehemencia Su gota es flecha Metal que busca su origen.
El címbalo bajo el mar rastrea la nota perdida La roca que lleva tu nombre La palabra que define con certeza mi destino.
EL SOL DE LOS NAVEGANTES
El cielo azul Un planeta celeste a la distancia El nuestro El único Que rodea el espacio No sólo del ojo Sino del oído también.
En la roca más alta Mira el sol de los navegantes Admira el fulgor en su justa lejanía.
Busca en oriente y occidente La verdad de la materia que calcina.
Perpetuo viaje circular que nos ilumina Conciencia y razón de toda medida.
A campo traviesa galopo tu recuerdo de potro indomable; la eternidad en mis ancas y el futuro fósil de tu amor en las entrañas. Veneno, jamás dejé de reír en tu epopeya de olvido involuntario, pues soy la yegua que parió el tormento de tu alma, cuando andabas por ahí peinando la muñeca, de tanto buscar y buscar un sentido inexistente. Percherón, el escupo de tus faltas fue destiñendo el pelaje que sostenía tu agobio, cuando noche tras noche te apareabas por error en la juerga de la vida, dejándome apestada de relinchos malsanos y carreras perdidas para siempre. No te culpo, cómo hacerlo, el Derby del amor no estaba en tu destino. Me acorralaste hasta el día en que vencí tu resistencia para abrir de par en par el corralón de mis desdichas y escapar...en honor al linaje que me habita.
Vicio
Llevas un maletín negro y una miradas de esas que: ¡hay, cómo te digo!... Me esperas desde hace doce minutos (si no lo sabré), y cuando me ves, una mirada de esas me deja algo aturdida. Ya era hora que esto terminara, sin duda, en eso coincidimos plenamente, pero cuando algo se convierte en vicio resulta difícil dejarlo. El maletín negro te acompaña a la habitación y yo subo contigo. Te digo que ya, que bueno, pero recuerda: esta es la última vez. La primera vez fue en aquel balcón, mientras mi abuelita dormía la siesta bajo los efectos de unos sedantes. Luego fue en aquel parque, escondidos tras los matorrales, mientras un fetiche disfrutaba de la escena (no quiero recordar). Ahora tú, descarado, me pides que lo hagamos como la última vez pero variando la forma, esto es, más y más rápido, y yo me niego a pensar que hayas evolucionado tanto en este burdo oficio de autogratificación. El maletín negro descansa sobre mis muslos, mientras un poco de licor me moja los tobillos desnudos. ¡Había que brindar esta vez! Después de todo, puede ser la última y ya, Todo lo disfrutado se quedará rondándonos la mente como un fantasma de aquellos que ayudan a vivir. Coges el maletín, retiras el contenido con una cara de esas que me dan miedo. Retrocedo un poco, y me quito la ropa procurando no arrugar las prendas. Es entonces cuando envuelves mi cuerpo con los billetes y me rellenas los pechos y caderas con sublime maestría. Porque en esto sí eres un experto. Tomamos la última copa y la dejamos allí, junto al maletín prolijamente limpiado y al nombre falso que dimos en portería, que seguro coincidirá con el del próximo huésped. Finalmente caminamos por la avenida, como una pareja de enamorados, mientras la conciencia me oprime las sienes y yo me pregunto por enésima vez, si esta será la última.
Destino
Vienes como siempre, a las diez y quince, con aquella tenida de payaso dominguero y un saxo bajo el brazo por si cae algo. Reímos por las calles como dos perros vagos y la luz de los faroles comienza a iluminarnos. Dices que sí, que esta noche será la vencida, que hay amigos influyentes por ahí, apostando por ti y yo me río: te digo que es por un chiste que recordé, y me guiñas el ojo alegremente, como diciendo: vale, esta será la vencida. Pero aunque niegas reconocerlo, sabes que tu destino es tocar en los burdeles, oliendo a sexo barato y cigarrillo trasnochado; viéndome sólo a mi, cuando el frío de todos los inviernos te desgarre la garganta de tanto darle y darle, de esperanza en esperanza. Me preguntas qué me pasa, no entiendes que estoy divagando. Dices que aún vale la vida, porque estoy a tu lado, y me das justo en el pecho de loca desvergonzada. Aseguras que algún día el mundo verá tu talento, y te aplaudo en la avenida haciéndote una reverencia. La calle nos pertenece, mi bufón de pacotilla: mira como todos vienen a escucharte, y te dejan monedas que recojo en mi sombrero, y te aplauden cuando gritas: ¡esta será mi noche!, yo quisiera llorar, pero prefiero lanzarme alrededor de tu cuello y besarte con locura, como en un fin de mundo. La gente nos aclama, en un enorme alboroto. Los vecinos se aproximan, si hasta la policía aparece de improviso. Cuando lleguemos al bar y aparezcan los amigos...los amigos aquellos... Agacho la cabeza mientras entramos al carro policial. Le pido al matón aquel que nos deje en libertad y te devuelva el saxo, pero dice que no, por ofensas a la moral...Ofensas a la moral...ofensas a la moral...quién mejor que nosotros puede saber de eso, respondo en voz bajita, sólo por no atormentarte, pues sigues reza que reza: cuando lleguemos al bar y aparezcan los amigos...los amigos aquellos...entonces será mi noche. ¡Basta Rubén!- te suplico- ¡Basta de darle a los sueños!-. Sólo me respondes: Juan..., y quedas como volando...
EL LUNAR
Este extraño lunar que crece y crece, piensa él cada mañana frente al espejo. No es que sea grande grande, sin embargo, a él le parece que está cada vez más puntiagudo, que adquirió de pronto el carácter de una montaña, después de haber sido sólo un punto muerto en medio de la cara. Y no es que le preocupen las marcas en el rostro y esas tonterías, es sólo que él, está consciente de la azarosa lucha por el sustento diario y de sus graves problemas económicos, protestos piensa, mientras se rasca el lunar y le mueve sutilmente la cúspide. Vendrán los acreedores y lo coge de la base, incrustando levemente la uña de su índice derecho. Aquello del jefe fue una chambonada, mire que considerarlo incompetente, bueno, son cosas que pasan. Apoya su rostro sobre el espejo, el lunar no lo percibe y parece no existir, la humedad de su respiración empaña sus facciones, lo vuelve dúctil y etéreo como la nada. Piensa que esta vez todo acabó, que hoy recibirá el sobre azul, quizás sí, quizás no. Su esposa ignora la situación, sus hijos juegan a ser grandes en la habitación contigua mientras él se aleja del vidrio, su rostro está sudoroso, el lunar sigue allí, más grande aún, en verdad piensa, esta vez ha crecido demasiado, su tamaño se ha vuelto cósmico, será mejor que lo extirpe.
BREVE RESEÑA
Roxana Heise nació en Victoria (Chile) el 20 de abril de 1964. Sus textos han sido publicados en la revista "Escribir y Publicar" de Editorial Salvat, revista periférica (Portugal), Repertorio Latinoamericano (Argentina), Revista Nitecuento, Gibralfaro.org, El Escribidor, Revista ADES, Divague.com, ALMIAR, Revista Libre Internacional, Los Nóveles, Mis escritos.com, Revista Expresiones, Boletín de literatura Aledaños, Culturízate.com, Bestiario, revista de contos. etc. El año 2001 obtuvo mención de honor en concurso de cuentos breves "Alfred Hitchcock". Seleccionada para antología “Los magos del cuento”, ediciones El salvaje refinado, U.S.A 2001. Finalista año 2004 concurso “Civilia, todos somos diferentes”, publicada en antología “Libertad bajo palabras”. Traducida al portugués por Fernando Gouveia para revista periférica (octubre 2004). Seleccionada en concurso del Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura. (Chile - junio 2006) con novela “Frenético Sosiego”, la cual fue publicada en formato tradicional y distribuida en bibliotecas públicas del país. Actualmente es traducida al polaco por los investigadores literarios: Mieszko A. Kardyni y Pawel Rogozinski,
En algún lugar como luna, una pieza de metal en tus costillas.
Algún lugar y avenidas
y soles oscuros y complejos animales
que componen esa masa de ti
como melodía,
sí, como si de alquimia se tratara.
Esa masa de ti, ese,
ese que es albino viento entumecido
el alimento de toda vida ninguna.
En algún lugar la luna,
esa mitad de ti
que somos todos,
eso que habita en los violines
eso, eso
y el olor del color del fin.
25
Un día a las dos de la tarde descendió por la Tercera Avenida. Paró donde se juntan las cuatro esquinas y, como si fuera la quinta esencia, tomo un bus que llevaba seis pasajeros. Los siete días de la semana los pasaba cesante. Ocho empleos inconclusos acabaron con su paciencia. Pensando que los nueve planetas giraban en su contra, maldijo 10 veces su maldito infortunio. Bajó cerca del metro y descendió los 11 escalones con tal parsimonia que parecía que se tardaría los doce meses del año en hacerlo. Era un martes trece y catorce grados indicaba el panel luminoso. Subió al elevador y descendió en el piso15. Cerca de la caja tomo el número dieciséis. Cuando ya llevaba 17 minutos de espera la secretaria anunció “Todas las personas mayores de 18 años deben esperar en la oficina 19”. El, por supuesto, con sus veinte años se dirigió con desgano. Estamos en el siglo XXI –pensó- y aún no se acaban las filas. Completó el formulario 22 con la paciencia de Juan XXIII.Le informaron que, dentro de 24 horas recibiría el cheque y así, algo más contento, pensó en los mendrugos que podría comer el día de navidad.
Mi ciudad fue minera, hoy es industrial. Pero mi barrio, en Camilo Olavaria, es de trabajadores llegados desde las minas de Schwager; muchos desde Concepción y los alrededores, tras el terremoto de 1960.
Antes del terremoto, digamos por allá por la década del cuarenta, su gente era pobre o rica.
Éstos se bañaban todos los días, tenían buena ropa, casa decente y comían cuatro veces al día: un suculento desayuno con leche de vaca – no sintética como ahora-, pan con mantequilla de verdad y mermelada hecha por la abuela. Cuatro platos para el almuerzo de medio día y de noche: entrada, cazuela, un guiso de segundo plato fuerte, las legumbres de tercero y el postre, generalmente de leche. Todo ello regado con buenos vinos, también de verdad, traídos directamente desde la viña del pariente que vivía en Coelemu. Además eran los invitados de honor en todas las grandes ceremonias donde lucían sus joyas y riquezas materiales. Eran los señores del pueblo.
Para el pobre en tanto, el desayuno era “ulpo de harina” (harina de trigo tostado al que se agregaba agua hirviendo) y, al almuerzo y comida, los “porotos con rienda” (frijoles con pastas). El único que estaba obligado a bañarse era el amo de la casa para sacar el polvo de carbón que ennegrecía su cuerpo. El resto de la familia, cuando quería o podía. No estaban obligados por el “que dirán” de hacerlo todos los días. No como el rico que debía estar siempre “olorocito” a limpio. Así ambos publicaban su condición de pobre o rico a través del olfato.
No había término medio.
La clase media, que sí existía, era rica o pobre según la ocasión. Para los ricos era pobre y para los pobres era rica. No eran los dueños ni ejecutivos de la empresa ni tampoco los trabajadores (peones o apires) mineros. Eran de la clase- no manifestada- que se lucraba con el sudor de los pobres trabajadores y de la benevolencia o estupidez de los ricos; siempre soñando con llegar al nivel de potentados, tener la oportunidad de lucir la riqueza y derroche que mostraban los de más arriba. Estaba conformada por comerciantes, prestamistas, empleados públicos y de segunda categoría de la empresa minera. Cada una de estas familias envidiaba las adquisiciones de sus semejantes obtenidas con buenas o malas artes. Y ésta se manifestaba en el rumor adjudicándoles el mote de “sinvergüenzas y ladrones que robaban a los pobres”.
A esta clase pertenecía la Julia. Descendiente directa de un francés que trabajó como práctico en las minas, en esos años en que a don Federico Schwager se le ocurrió abrir una mina a partir de un socavón en la orilla del mar, sin contar con los elementos que hoy existen para tales faenas. Se usó la fuerza bruta de los trabajadores con palas, picotas y animales de tiro. El ingenio de los profesionales extranjeros logró abrir el gran túnel que se hundiría bajo el mar siguiendo las vetas de carbón.
La Julia, rubia, bonita, parecía señorita rica por los abalorios con que se cubría, y era codiciada por los pobres y los ricos.
Pero ella no era tonta, quería casarse y tener una familia. El rico nunca se casaría con ella aunque estuviera enamorado, porque la “clase manda”. Así es que para marido eligió a un minero de fuerte musculatura y bellas facciones, al que amó. Deseaba que sus hijos fueran bellos, como ella y él.
Un accidente fatal en la mina, dejó a la Julia viuda con dos hijos y una pensión miserable, que la obligó a trabajar “por su cuenta”. Vendía ropa al crédito o pescado cuando las cosas iban mal por las huelgas. También, si se daba la ocasión iba a Concepción a vender en las ferias o a realizar timos de poca monta, con mucho cuidado para no ser descubierta. Debía mantener su status dentro de la comunidad.
Viuda y relativamente joven, otro minero se enamoró de ella. Era bueno casarse con mineros porque se tenía la vida asegurada, mientras estos vivieran. Dos hijos más y, nuevamente un derrumbe en el interior de la mina, la dejó viuda, con otra pensión miserable. Para casarse debía renunciar a la primera. Por ley la persona debía recibir una sola. Pero ella prefería eso, a vivir sólo amancebada.
Cuatro hijos, a los que había que alimentar y servir se acumulaban a las obligaciones de la Julia que, sin embargo, se preocupaba de su figura y de vestir los mejores trapos que llegaban a sus manos. Continuó con sus trabajos independientes. Algunas veces se hacía pasar por “prestamista”, pero más de alguna familia minera la dejaba sin ganancias por fallecimiento del jefe de hogar, en algunos de los frecuentes accidentes.
Así conoció al tercer marido. Con éste aumentó su parvada en tres hijos más. No dejaba de interesarse por las nuevas leyes de protección de la familia y de los beneficios para los mineros, que leía y guardaba con devoción, más que la Biblia consabida. De modo que, por los años cincuenta pidió los beneficios de asignación familiar para sus siete hijos, a los que crió y educó a su manera. En esa ocasión conocí a la Julia, cuando hacía sus trámites en el Seguro Social.
El terremoto de 1960 le dio la oportunidad de “hacerse de una casita en “La Magri”, poblaciónal lado de “La Desco”, que, durante el Gobierno de Alessandri, se había construido para los mineros de Schwager. Hoy, Camilo Olavarria.
El tercer marido contrajo una enfermedad propia de los mineros que respiran constantemente el polvo de carbón, la temida “silicosis”. Y era de ver a la Julia trajinando entre servicios de salud y previsión para insistir en sus trámites o cobrar las cuotas de sus préstamos a los pensionados o vendiendo las ropas que matuteaba comprando a uno en Santiago y vendiendo a tres en Coronel.
Conocía todos las formas de engañar al prójimo por su eterna amistad con los menesterosos y ladrones de quienes aprendía, no para emularlos sino para defenderse, especialmente, cuando viajaba a Santiago porque allí hay que tener mucho cuidado.
Se podía confiar en ella, porque aunque vivía en esa pobreza tan especial, donde no falta lo esencial para los hijos y los allegados, nunca estafó ni engañó a nadie, excepto al Estado, que era una tierra de nadie. A éste había que ganarle beneficios sin pagar impuestos de ningún tipo, porque ella era pobre. Que pagaran los ricos.
Aprovechó de todas las leyes que, de alguna manera protegían a los de la clase baja, porque ella estaba en esa línea sutil que separa al pobre de la clase media. La Julia se podía considerar rica porque se bañaba todos los días y vestía buenas ropas que compraba de ocasión, pero era pobre por ser viuda y estar casada con mineros.
A pesar de su sapiencia en cuestiones de de leyes sociales, trucos y engaños, un día llegó llorando de indignación a su hogar. ¡Había sido timada con el cuento del tío! ¡Ese cuento tan sabido por ella! El orgullo herido era más fuerte que la pérdida del dinero de una de sus pensiones.
Muerto el tercer marido, en los años setenta, se volvió a casar con un feriante. Gran escándalo en su familia que trataba de “tirar para arriba” Esta vieja “loca y caliente” fue el hazmerreír de la comunidad. Pero eso, a ella no le importaba, nunca se sintió prostituta porque fue fiel a su condición de mujer casada y viuda como lo manda la sociedad. Y por qué no iba a tener hombre en su cama, si legalmente le correspondía.
El primero, había sido elegido por amor, el segundo por necesidad, el tercero por pasión y el último “pa’no perder la costumbre”, dijo
Eso sí, nunca ejerció la prostitución a pesar de ser un buen negocio. Claro que algunos de sus trabajos no eran tan santos, pero la prostitución, alcohol y drogas estaban relegados a la tierra de “nunca jamás”.
Y murió este cuarto marido, tal vez por los sometimientos sexuales de la Julia, tal vez porque el hombre estaba enfermo, no se sabe a causa de qué, lo cierto es que a poco tiempo de casados la Julia quedó viuda por cuarta vez.
Falleció la Julia hace poco tiempo atrás, a los casi noventa años.
Más de ciento cincuenta personas eran sus deudos entre hijos, nietos, bisnietos y tataranietos, contando a los cinco varones a los que crió junto con los suyos, huérfanos de mineros fallecidos y de padres encarcelados, con sus respectivas descendencias.
Cuando la llevamos al cementerio, sentí que mi barrio perdía a un personaje de sapiencia natural extraordinaria. Una mujer que nunca se dejó abatir por las penurias, ni tampoco se dejó manejar. Y, además, que tenía solución para todos los problemas
Esta era gente de mi barrio. Ahora, las cosas han cambiado.
Esperar que alguien llegue cuando tienes los ojos cerrados, frente al mar y tus pies aguantan respirar en el agua y la arena rasguña la piel como lágrimas ácidas, es una ridícula necesidad humana. Ridícula porque todos la tienen, mas nadie se atreve a respirar de los silencios de alguien que espera, con los pies fríos de cansada esperanza. Y todos prefieren quedarse tirados en la arena antes que atreverse a encontrar lo desconocido. (Yo lo hago para eliminar miedo).
La palabra no siempre es verbo, por estos lados y por estos tiempos es más adjetivo -y calificativo-. Por eso se silencia cuando se espera, cuando se busca, cuando se despide. La mente expresa con palabras inexistentes.
Y siempre que se abren los ojos se desea mirar atrás, aunque se está seguro que no hay nadie, al menos para ti. Volteas, pero para volver. Detestas haberte adentrado más de lo debido, porque los pantalones remangados no sirvieron para salvarse de mojarse. Aunque por dentro, te hubiese dado lo mismo sumergirte entero, sólo para tener la certeza de que si ves agua en tus ojos no son lágrimas, sino sal y al fin sentirte un poco más vivo.
RESEÑA
Vacío escarchado vive en Talcahuano, tiene 18 años. Cursó su enseñanza media en el Colegio Adventista de Talcahuano.
PREMIOS Y DISTINCIONES: En el año 2005 obtuvo tercer lugar en el Concurso de cuentos "NARRATIVA FANTÁSTICA" organizado por la Biblioteca Viva en conjunto con el Museo Bellas Artes, en el 2006 un reconocimiento en el concurso de la Universidad Católica para alumnos de terceros y cuartos medios, modalidad cuento y en el año 2007 el primer lugar en el mismo concurso.
La VIII Región del BioBío se extiende entre los 36º0' y los 38º30' de latitud sur, y desde los 71º00' de longitud oeste hasta el Océano Pacífico. Su superficie territorial es de 37.062,6 Km2., lo que en relación a Chile corresponde al 1,8% del total de superficie. La Región del Biobío limita al norte con la VII Región del Maule, al sur con IX Región de La Araucania, al este con la República de Argentina y al oeste con el Océano Pacifico. La capital regional es la ciudad de Concepción, y la Región se encuentra dividida en 4 provincias con un total de 52 comunas. Provincia de Ñuble, posee una superficie total de 13.178,5 Km2. Su capital provincial es la cuidad de Chillán. Esta provincia esta dividida en 21 comunas: Cobquecura (570 Km2.), esta comuna que se ubica entre los 36º08' de latitud sur y los 72º46' de longitud oeste, en mapudungun significa "Pan de Piedra".
Descargar este Mapa Quirihue (589 Km2.), se ubica a 72 Km. al noreste de la comuna de Chillán. Ninhue (401 Km2.), en lengua mapudungun significa "Lugar protegido por los vientos". San Carlos (874 Km2.). Ñiquén (493 Km2.), Treguaco (313 Km2.), San Nicolás (491 Km2.), San Fabián (1.568 Km2.), se ubica en la zona precordillerana y su capital comunal es San Fabián de Alico. Coelemu (342 Km2.), en lengua mapudungun significa "bosque de búhos" ó "búhos del bosque", se extiende sobre la Cordillera de La Costa. Chillán (511 Km2.), es la capital de la provincia, y en lengua mapuche significa "Silla del sol". Coihueco (1.777 Km2.), su nombre proviene de la lengua mapuche y significa "agua de coigüe". Ránquil (248 Km2.), se ubica a 50 Km. de la ciudad de Chillán. La comuna mantiene el nombre original del sector donde se fundó al comienzo, pero su actual capital comunal es Ñipas. Quillón (423 Km2.), Bulnes (425 Km2.), conocida como la ciudad de las camelias. Chillán Viejo (292 Km2.), Pinto (1.164 Km2.), limita al norte con la comuna de Coihueco, al este con las comunas de Chillán y San Ignacio, al sur con las comunas de El Carmen y Antuco y al este con la República de Argentina. San Ignacio (364 Km2.), Pemuco (563 Km2.), en lengua mapuche significa "agua de peumo", se ubica a 44 Km. al sur de la ciudad de Chillán. El Carmen (664 Km2.), Yungay (824 Km2.) y, Portezuelo (282 Km2.). Provincia de Concepción, limita al norte con la provincia de Ñuble, al sur con la provincia de Arauco, al este con la provincia del Biobío y al oeste con el Océano Pacífico. Posee una superficie territorial de 14.987,9 Km2. La capital provincial es la comuna de Concepción, y está dividida en 12 comunas: Tomé (495 Km2.), limita al norte con la comuna de Coelemú, al sur con la comuna de Penco, al este con las comunas de Ránquil y florida y al oeste con el Océano Pacífico. Talcahuano (92 Km2.), se caracteriza por tener uno de los puertos marítimos más importante de Chile. Penco (108 Km2.), limita con las comunas de Tomé, Talcahuano, Florida y Concepción. Florida (609 Km2.), San Pedro de La Paz (113 Km2.), se encuentra situada al sur poniente del río Biobío. Concepción (222 Km2.), es la capital regional y es conocida en el país como "la perla del biobío". Chiguayante (72 Km2.), Coronel (279 Km2.), la Isla de Santa María pertenece a esta comuna. Hualqui (531 Km2.), se ubica a 24 Km. al sureste de la ciudad de Concepción. Lota (136 Km2.), su nombre proviene del termino mapuche Louta, que significa "pequeño lugarejo o caserío insignificante". Santa Juana (731 Km2.), comuna creada en el año 2004. Provincia de Arauco, limita al norte con la provincia de Concepción, al oriente con la provincia del Biobío, al sur y sur este con al IX Región de La Araucania y al oeste con el Océano Pacífico. Posee una superficie territorial de 5.457,2 Km2. Su capital provincial es Lebu y cuenta con 7 comunas: Arauco (956 Km2.), quiere decir "agua gredosa" en lengua mapuche. Lebu (561 Km2.), capital provincial y se ubica a 145 Km. de la ciudad de Concepción. Los Álamos (599 Km2.), Curanilahue (994 Km2.), Cañete (760 Km2.), Contulmo (962 Km2.) y, Tirua (624 Km2.). Provincia de Biobío, tiene una superficie de 14.987,9 Km2. La capital provincial es l comuna de Los Ángeles y está dividida en 14 comunas: Yumbel (727 Km2.), Cabrero (640 Km2.), San Rosendo (92 Km2.), Laja (340 Km2.), Los Ángeles (1.748 Km2.), Quilleco (1.122 Km2.), Tucapel (915 Km2.), Antuco (1.884 Km2.), Nacimiento (935 Km2.), Negrete (157 Km2.), Mulchén (1.925 Km2.), Quilaco (1.124 Km2.), Santa Bárbara (1.255 Km2.) y, Alto Biobío (2.124,6 Km2.) comuna creada recientemente.
FUENTE: INE; GRAN ATLAS DE CHILE: HISTÓRICO, GEOGRÁFICO Y CULTURAL.