Un aporte CIC

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Arte y Cultura

Junto a Neruda con Rimbaud

“A la aurora, armados de una ardiente paciencia,
entraremos a las espléndidas ciudades”.
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viernes, 5 de diciembre de 2008

Roxana Heise Venthur -Concepción











Relinchos Malsanos




A campo traviesa galopo tu recuerdo de potro indomable; la eternidad en mis ancas y el futuro fósil de tu amor en las entrañas.
Veneno, jamás dejé de reír en tu epopeya de olvido involuntario, pues soy la yegua que parió el tormento de tu alma, cuando andabas por ahí peinando la muñeca, de tanto buscar y buscar un sentido inexistente.
Percherón, el escupo de tus faltas fue destiñendo el pelaje que sostenía tu agobio, cuando noche tras noche te apareabas por error en la juerga de la vida, dejándome apestada de relinchos malsanos y carreras perdidas para siempre.
No te culpo, cómo hacerlo, el Derby del amor no estaba en tu destino. Me acorralaste hasta el día en que vencí tu resistencia para abrir de par en par el corralón de mis desdichas y escapar...en honor al linaje que me habita.




Vicio


Llevas un maletín negro y una miradas de esas que: ¡hay, cómo te digo!...
Me esperas desde hace doce minutos (si no lo sabré), y cuando me ves, una mirada de esas me deja algo aturdida. Ya era hora que esto terminara, sin duda, en eso coincidimos plenamente, pero cuando algo se convierte en vicio resulta difícil dejarlo.
El maletín negro te acompaña a la habitación y yo subo contigo. Te digo que ya, que bueno, pero recuerda: esta es la última vez. La primera vez fue en aquel balcón, mientras mi abuelita dormía la siesta bajo los efectos de unos sedantes. Luego fue en aquel parque, escondidos tras los matorrales, mientras un fetiche disfrutaba de la escena (no quiero recordar). Ahora tú, descarado, me pides que lo hagamos como la última vez pero variando la forma, esto es, más y más rápido, y yo me niego a pensar que hayas evolucionado tanto en este burdo oficio de autogratificación.
El maletín negro descansa sobre mis muslos, mientras un poco de licor me moja los tobillos desnudos. ¡Había que brindar esta vez! Después de todo, puede ser la última y ya, Todo lo disfrutado se quedará rondándonos la mente como un fantasma de aquellos que ayudan a vivir.
Coges el maletín, retiras el contenido con una cara de esas que me dan miedo. Retrocedo un poco, y me quito la ropa procurando no arrugar las prendas. Es entonces cuando envuelves mi cuerpo con los billetes y me rellenas los pechos y caderas con sublime maestría. Porque en esto sí eres un experto.
Tomamos la última copa y la dejamos allí, junto al maletín prolijamente limpiado y al nombre falso que dimos en portería, que seguro coincidirá con el del próximo huésped. Finalmente caminamos por la avenida, como una pareja de enamorados, mientras la conciencia me oprime las sienes y yo me pregunto por enésima vez, si esta será la última.



Destino


Vienes como siempre, a las diez y quince, con aquella tenida de payaso dominguero y un saxo bajo el brazo por si cae algo. Reímos por las calles como dos perros vagos y la luz de los faroles comienza a iluminarnos. Dices que sí, que esta noche será la vencida, que hay amigos influyentes por ahí, apostando por ti y yo me río: te digo que es por un chiste que recordé, y me guiñas el ojo alegremente, como diciendo: vale, esta será la vencida. Pero aunque niegas reconocerlo, sabes que tu destino es tocar en los burdeles, oliendo a sexo barato y cigarrillo trasnochado; viéndome sólo a mi, cuando el frío de todos los inviernos te desgarre la garganta de tanto darle y darle, de esperanza en esperanza. Me preguntas qué me pasa, no entiendes que estoy divagando. Dices que aún vale la vida, porque estoy a tu lado, y me das justo en el pecho de loca desvergonzada. Aseguras que algún día el mundo verá tu talento, y te aplaudo en la avenida haciéndote una reverencia. La calle nos pertenece, mi bufón de pacotilla: mira como todos vienen a escucharte, y te dejan monedas que recojo en mi sombrero, y te aplauden cuando gritas: ¡esta será mi noche!, yo quisiera llorar, pero prefiero lanzarme alrededor de tu cuello y besarte con locura, como en un fin de mundo. La gente nos aclama, en un enorme alboroto. Los vecinos se aproximan, si hasta la policía aparece de improviso.
Cuando lleguemos al bar y aparezcan los amigos...los amigos aquellos...
Agacho la cabeza mientras entramos al carro policial. Le pido al matón aquel que nos deje en libertad y te devuelva el saxo, pero dice que no, por ofensas a la moral...Ofensas a la moral...ofensas a la moral...quién mejor que nosotros puede saber de eso, respondo en voz bajita, sólo por no atormentarte, pues sigues reza que reza: cuando lleguemos al bar y aparezcan los amigos...los amigos aquellos...entonces será mi noche. ¡Basta Rubén!- te suplico- ¡Basta de darle a los sueños!-. Sólo me respondes: Juan..., y quedas como volando...


EL LUNAR

Este extraño lunar que crece y crece, piensa él cada mañana frente al espejo. No es que sea grande grande, sin embargo, a él le parece que está cada vez más puntiagudo, que adquirió de pronto el carácter de una montaña, después de haber sido sólo un punto muerto en medio de la cara. Y no es que le preocupen las marcas en el rostro y esas tonterías, es sólo que él, está consciente de la azarosa lucha por el sustento diario y de sus graves problemas económicos, protestos piensa, mientras se rasca el lunar y le mueve sutilmente la cúspide. Vendrán los acreedores y lo coge de la base, incrustando levemente la uña de su índice derecho. Aquello del jefe fue una chambonada, mire que considerarlo incompetente, bueno, son cosas que pasan. Apoya su rostro sobre el espejo, el lunar no lo percibe y parece no existir, la humedad de su respiración empaña sus facciones, lo vuelve dúctil y etéreo como la nada. Piensa que esta vez todo acabó, que hoy recibirá el sobre azul, quizás sí, quizás no. Su esposa ignora la situación, sus hijos juegan a ser grandes en la habitación contigua mientras él se aleja del vidrio, su rostro está sudoroso, el lunar sigue allí, más grande aún, en verdad piensa, esta vez ha crecido demasiado, su tamaño se ha vuelto cósmico, será mejor que lo extirpe.



BREVE RESEÑA

Roxana Heise nació en Victoria (Chile) el 20 de abril de 1964. Sus textos han sido publicados en la revista "Escribir y Publicar" de Editorial Salvat, revista periférica
(Portugal), Repertorio Latinoamericano (Argentina), Revista Nitecuento, Gibralfaro.org, El Escribidor, Revista ADES, Divague.com, ALMIAR, Revista Libre Internacional, Los Nóveles, Mis escritos.com, Revista Expresiones, Boletín de literatura Aledaños, Culturízate.com, Bestiario, revista de contos. etc.
El año 2001 obtuvo mención de honor en concurso de cuentos breves "Alfred Hitchcock".
Seleccionada para antología “Los magos del cuento”, ediciones El salvaje refinado, U.S.A 2001.
Finalista año 2004 concurso “Civilia, todos somos diferentes”, publicada en antología “Libertad bajo palabras”.
Traducida al portugués por Fernando Gouveia para revista periférica (octubre 2004).
Seleccionada en concurso del Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura. (Chile - junio 2006) con novela “Frenético Sosiego”, la cual fue publicada en formato tradicional y distribuida en bibliotecas públicas del país. Actualmente es traducida al polaco por los investigadores literarios: Mieszko A. Kardyni y Pawel Rogozinski,


sábado, 9 de agosto de 2008

Boris Sánchez Elchiver - Concepción




LA CANCIÓN ROTA



Cuando le supliqué que no me rompiera los discos, recibí como respuesta un feroz culatazo en pleno rostro. Ubiquémonos. 13 de septiembre de 1973.
Al doblar por Alameda con Concha y Toro divisé la agitación que se producía al fondo de mi pasaje, que por esos días, había sido declarado monumento nacional, ya que allí se conjugaban distintos estilos arquitectónicos muy sui-generis, donde antaño, rancias familias vascos- castellanas tenían sus dominios, pero que ahora habían emigrado al barrio alto, por lo que sus edificios estaban semi abandonados, convertidos en pensiones, piezas en arriendo a estudiantes, pintores, fotógrafos, etc.. Pero, no es de estructuras arquitectónicas, ni de vivienda y decoración de lo que quiero hablar hoy.
Mi edificio estaba siendo sitiado por una patrulla militar. Pregunté que estaba sucediendo. Este pasaje, me responden, está infectado de extranjeros, guerrilleros disfrazados de estudiantes; hemos allanado toda la cuadra y ahora le corresponde a este edificio. Precisamente, yo tengo mi pieza ahí, en el segundo piso, dije nerviosamente, para luego tranquilizarme, al darme cuenta que yo no era extranjero, ni menos, remotamente guerrillero. Subí las viejas escaleras en un santiamén. La puerta de mi pieza ya había sido forzada y lo primero que vi fue a un militar, descolgando de la pared mi charango e intentando hacer algunos acordes, y diciéndole a otro que también pretendía infructuosamente sacarle un sonido a una quena: “Cuando yo hice el servicio militar en Iquique, nos mandaron a la Tirana, ahí yo me compré uno de éstos, pero el mío era de quirquincho”. Ante tan ameno y melodioso diálogo, pensé graciosamente decirles, si falta uno yo los puedo acompañar con el bombo.
Rápidamente mi pieza se fue inundando de soldados que venían de vuelta de las otras habitaciones, compitiendo y comentando quién había encontrado los enseres más extravagantes, más curiosos o ridículos. Con respecto a mí, parecían ignorarme, estaban más entretenidos y concentrados en pretender sacarles sonidos a los instrumentos vernaculares, que buscar a un potencial terrorista. Me llamó la atención uno, indiferente y silencioso, con un extraordinario parecido a Dustin Hoffmann, en la película “El graduado.” Era realmente emocionante la similitud con el actor. Quizás lo único que lo diferenciaba de éste y lo convertía en un mortal cualquiera, era un inconfundible lunar sobre la ceja izquierda. De improviso se alejó del grupo, dirigiéndose a mi velador, y antes de abrirlo me dio una mirada, como diciéndome, yo vine a esto, no a manosear o acariciar instrumentos. Alzó el velador vaciando su contenido, quedando esparcido por el piso el cuerpo del delito. Ve mi capitán, aquí no hay ningún disco, por ejemplo, de los Quincheros, todos estos son puros comunistas, mire, Quilapayún, Patricio Mans, los vi en un acto de la CUT., y sin pedir autorización al superior, se acercó desafiante, preguntándome: ¿Por qué no tenís música de los Quincheros? Porque no tocan charango, respondí desconcertado; y que tiene que ver el charango, insistió, es que yo toco charango en el BAFUTE, le contesté. Y qué es eso del BAFUTE, es el Ballet Folklórico de Universidad Técnica del Estado, respondí, creyendo con esto darle un carácter más formal, más académico a la situación. Así es que sos de la Técnica. Mira lo que hago con tu música, concha e’ tu madre; y en un arranque de ira emprendió un verdadero ritual, zapateando, saltando con furia sobre mis discos, pateando pedazos en todas direcciones. Por allá divisé un trozo de la cabellera desgreñada de la Violeta, justo a mis pies un “Te recuerdo Amanda”. En un rincón se estaba escapando la Cantata Santa María de Iquique. La Cantata, no, por favor, que está con dedicatoria, grité, abalanzándome sobre Dustin, que con un culatazo frustró mi intrépido rescate. Y como para cerciorarse, recogió el trozo de la dedicatoria, y se lo fue a mostrar al capitán. Mire, el huevón, tiene hasta el nombre ruso, se llama Boris, y ¡zas! otro culatazo por las costillas, y pensar que mi madre quiso inmortalizar ese nombre en homenaje a un apuesto piloto ucraniano. No importa pensé, algunas carátulas, las recupero en el Persa Bío-Bío. y otras se pueden salvar, pero el bizarro soldado pareció adivinar mis pensamientos, y en un nuevo arrebato, recogió las pocas portadas que se podían recuperar, rasgándolas con violencia, lanzándolas al aire, como quien tira papel picado en un carnaval. ¡Levántate mierda! me grita, al ver que pretendo recoger los trozos esparcidos por el suelo. Justo en el momento en que se dispone aplicarme otro culatazo, un milico entró gritando que saliéramos todos con las manos en alto. Ahí estuvimos como dos horas, tendidos en la calle. Finalmente, al no encontrar armas o terroristas deciden abandonar el pasaje. El que había estado en la Tirana, me pasa a decir al oído “No le haga caso, siempre ha sido así, medio atarantado para sus cosas... a veces se la pasa la mano, pero en el fondo no es mal chato.” Al subirse al camión, el Dustin me miró y en un gesto ambiguo levantó y agitó su mano derecha, dejándome para siempre la duda si eso era una gentil despedida o una evidente amenaza.
Rápidamente retorné a mi cuarto e inicié la amarga tarea de pretender ensamblar el puzzle que había quedado inconcluso y desparramado. Intenté con los fragmentos quebrados armar un nuevo disco. En una especie de collage se me mezclaban la sonrisa de Víctor con los cabellos de Ángel Parra, los ojos de Pato Mans con la nariz de Rolando Alarcón, los ponchos del Inti con la falda de la Mercedes Sosa....las barbas de los “Quila” con la frente de Héctor Pavez.... Que sabes de cordillera....Para hacer esta muralla.. Voy hacer un cigarrito...Gracias a la vida...

EPILOGO

Muchos años después...Muchos años después haciendo clases en un colegio de Avenida Matta, en una reunión de apoderados creo reconocer al Dustin Hoffmann. A pesar de los años no había perdido el parecido con el actor. Ya no tiene, por supuesto, el aire del protagonista de “El graduado”. Ambos han envejecido en forma paralela.


Ahí estaba. Sin la protección del uniforme militar parecía sentirse desnudo. Su figura tan bizarra en otros tiempos, tenía ahora rasgos caricaturescos.


Carolina, su hija, me dice que su papá quiere venir a conversar conmigo con respecto a ese 3.8. Con un 4 ella estaría pasando de curso. Que qué me costaría, son sólo dos décimas. Le digo que no hay problema, que lo espero el miércoles. Por el momento llévale este presente “La Cantata Santa María de Iquique” de parte del profesor Boris, el del nombre ruso. Carolina, sorprendida, me pregunta qué desde cuándo nos conocemos....... Desde hace bastante tiempo, para ser más exacto desde el 13 de septiembre de 1973. Chao. Que no falte el miércoles. Lo espero...... Aún lo sigo esperando....






Breve reseña

BORIS SANCHEZ ELCHIVER, Chileno, Profesor de Literatura, Escritor, Fotógrafo, ex integrante del BAFONA. ( Ballet Folclórico Nacional de Chile) con estudios en la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile. Fundador del grupo folclórico Wiracocha..
Como músico participa y acompaña al folclorista Rolando Alarcón en la grabación de su disco “Canciones desde una Prisión”
Miembro del Foto Cine Club de Chile. Entre sus premios como fotógrafo, se destacan el Segundo Lugar y Mención Honrosa en el Concurso de Fotografía Arquitectónica de la 3º Bienal de Arquitectura.(1981).Tercer Premio en el Primer Salón Nacional de Arte Fotográfico de Viña del Mar (1981) y Mejor Foto Diacolor de Chile por la Fotografía “La Canción Rota” concedida por el Foto Cine Club de Chile. Santiago. (1982).
Sus relatos han aparecido en la Antología” PURO CUENTO” Editorial El Mercurio- Aguilar (2004) Recopilación de Marco Antonio de la Parra.
Relatos y Microcuentos aparecidos en la Revista de Libros del Mercurio (2003-2005).
Veintidós Cuentos (Microcuentos- Relatos) leídos y analizados por Marco Antonio de la Parra en el Programa “Puro Cuento” de Radio Duna patrocinados por la Revista de Libros del Mercurio. (2003-2005)
El año 2006 es ganador del Concurso del Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura convocado por el CONSEJO NACIONAL DE LA CULTURA Y LAS ARTES con su libro “LIGERO DE EQUIPAJE”

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